EL TERRAO - Dos urbanitas en el campo

Damos la bienvenida a todas aquellas personas que disfrutan simplemente con el canto de un pájaro, la vista de un atardecer, el crecimiento de una planta, los paseos por el campo, el diseño de un jardín... en definitiva los amantes de la vida natural ...

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sábado, 19 de abril de 2014

NIÑOS SIN INFANCIA

Dos urbanitas...


DÍA MUNDIAL
CONTRA LA ESCLAVITUD INFANTIL
16 de abril
Conmemoración del asesinato de Iqbal Masih 
un pequeño activista contra la esclavitud infantil.


Iqbal Masih fue vendido por su padre cuanto tenía cuatro años para pagar una deuda familiar.

Pasó su infancia trabajando en una fábrica hasta que a los diez años se escapó y denunció la realidad en la que viven millones de niños y niñas en el mundo.

Iqbal Masih comenzó una lucha asociada para la liberación de los millones de niños esclavos que hay en el mundo. 


El 16 de abril de 1995 Iqbal fue asesinado. 
Tras su muerte, este niño fue conocido a nivel internacional.


Desde nuestra acomodada situación ... 
¿Conocemos realmente las cifras?

Según Unicef y la OIT... 

En el mundo, hay más de 100 millones de niños que viven en la calle.

En África, hay unos 30 millones de niños sin hogar.
En América Latina, más de 40 millones.
En Asia, unos 25 millones.


Niños abandonados que viven marginados de la sociedad.

En la calle, roban, piden limosna,
realizan pequeños trabajos… 
están a merced de los abusos, la prostitución y las drogas. 


Son niños sin infancia.


Más de nueve millones de niños están esclavizados en el mundo. 

Niños que se ven obligados a trabajar,
 en condiciones inhumanas,
en minas, basureros, fábricas de ladrillos o textiles (5,7 millones). 

Niños que son explotados sexualmente (casi dos millones). 
Niños traficados (más de un millón).
Niños soldado (300.000)… 


... niños que ven rota su infancia... 


En total, más de 200 millones de niños y jóvenes en todo el mundo
se encuentran en esta situación.


La esclavitud de niños y niñas es la esclavitud del siglo XXI. 



Joan Manuel Serrat y Miguel Hernández
 EL NIÑO YUNTERO on PhotoPeach




MIGUEL HERNÁNDEZ
EL NIÑO YUNTERO

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.

Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.

sábado, 12 de abril de 2014

FÉLIX, EL AMIGO DE LOS ANIMALES

En recuerdo de Félix Rodríguez de la Fuente.

Mi homenaje.

Dibuja a pastel y tiza


        Siempre, desde pequeño, me sentí atraído por la naturaleza. En especial, por los animales. En aquellos años, los 60, los niños lo teníamos fácil, la naturaleza convivía con nosotros en la ciudad, pequeña y provinciana, pero ciudad. Recuerdo, con nostalgia, cómo compartíamos nuestros juegos en las calles, entonces se jugaba en las calles, con jilgueros, verderones, pardillos, chamarines, cernícalos primillas, grajillas, urracas, ... además de los consabidos gorriones y palomas. Todos teníamos en casa algún pobre pajarillo enjaulado al que cuidábamos con esmero. Y por las calles, algunas sin asfaltar todavía, no era raro toparse con alguna culebra o algún sapo. Insectos había "a manta" y alimentaban de día a cernícalos y, de noche, a mochuelos. Lagartijas y libélulas eran nuestras capturas en verano, en vacaciones.

        Fue entonces cuando mi padre, un humilde artesano, compró, con muchos esfuerzos y muchos plazos, "la tele". Un televisor de marca alemana, en blanco y negro, con un gran transformador externo. Las emisiones empezaban, las que podíamos ver, por la tarde, después de la carta de ajuste. Me quedaba embobado viendo los programas en los que aparecía un señor joven, de verbo fácil y ampuloso, Félix, el amigo de los animales.

        En particular, recuerdo un programa, EL PLANETA AZUL, por supuesto en blanco y negro. Ése fue el que me enganchó a Félix, el que despertó en mí la admiración y el respeto por la vida natural, por mis queridos bichos, por las plantas y los bosques.

        Pero mi padre no se quedó ahí. Conocedor e impulsor de mis aficiones, se presentó un día en casa con una revista, un fascículo, envuelto en papel cebolla de un insípido color ocre, el primer fascículo de la Enciclopedia Salvat de la Fauna, por Félix Rodríguez de la Fuente y su equipo. Semanalmente acudía al kiosco a por el número correspondiente. Los devoraba ese mismo día y los leía y releía todos los días que restaban hasta que publicaban el siguiente. Durante varios años los estuve coleccionando. Cuando sacaban a la venta las cubiertas para encuadernar un tomo para mí era una fiesta, era como hacer cumbre, y no veía el día en que estuvieran todos los tomos en mi desnutrida, por entonces, estantería. Los conservo como oro en paño, en perfectas condiciones, y eso que es "mi libro de cabecera".

        Pero ya no quiero escribir más. No quiero profundizar en lo que ha significado Félix para este país y para generaciones como la mía. Otros ya lo han dicho todo. Sólo quiero recordarle y seguir echándole de menos.

        Vaya ahí mi homenaje en el 34 aniversario de su muerte, con un retrato de un gran lobo que pinté hace mucho. Un lobo al que suavicé las facciones para hacerlo más cercano. El símbolo de la lucha por la conservación de las especies salvajes. El gran, y escasísimo lobo ibérico: Canis lupus signatus.

        En memoria de Félix. Por el lobo ibérico libre en nuestros montes, porque no se convierta sólo en un recuerdo.

Dibujo a pastel y tiza sobre papel
 
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